Portada del libro. (Fuente: Más allá de las palabras)

No juzgues un libro por su portada

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Óscar Sancerni, alumno de 3º de la ESO, nos comparte su peculiar reseña sobre la lectura del trimestre: La gramática del amor de Rocío Carmona, una novela romántica que no deja indiferente a nadie

¡Hola! Mi nombre es Óscar Sancerni, voy a 3º de la ESO del instituto Andreu Nin y hoy os voy a contar mi historia. Antes de todo voy a dejar claro que no me gustan las novelas de amor.

Os voy a poner en situación: imagínate que estás tú tan tranquilo en clase y de repente aparece la profesora de Lengua castellana y literatura y nos dice que traigamos un libro titulado La gramática del amor.

Yo le digo a mis padres que lo compren y al cabo de unos días me lo dan. La primera impresión es de desagrado porque un libro amoroso la verdad es que no me atrae nada. “Vaya tostón”, pienso. 

El libro lo empezamos a leer en clase en voz alta. Al principio sentía intriga por saber cómo era el libro… lo típico de no juzgar a un libro por su portada.

Os cuento las primeras sensaciones. Primero aburrimiento… Aunque después pensé: “A lo mejor me da algún consejo o técnica para ligar…”. 

Fuente: Hecha en silencio

El libro comienza raro. Una tal Irene se ilusiona con Liam, un chico de su colegio al cual le escribe un poema para expresarle lo que siente -un tanto cursi, la verdad-. Después de este episodio, parece mejorar para bien porque hay un montón de salseo. Irene se entera de que Liam (el chico que le gusta), le envía una foto de unas rosas rojas, pero ella se da cuenta de que esas rosas se las ha mandado a diez chicas más de su edad aparte de ella. Este creo que es mi momento preferido porque, después, nuestra protagonista se va y deja plantado a Liam. Al día siguiente ella ni le dirige la palabra y él se queda como si no entendiera nada. ¡Vaya despistado! Luego Liam quiere venganza, así que se ríe del poema que le había escrito Irene antes dejándola en ridículo, un acto bastante infantil desde mi punto de vista. Lo peor es que los demás niños le siguen la broma y la pobre Irene se queda tan afectada que se marcha de clase. En este momento sentí mucha empatía con la protagonista y casi grito en medio de clase… nah, es broma, pero te hace reflexionar sobre que las personas que te rodean, a veces, pueden llegar a ser muy crueles. Esta situación llega hasta la humillación sin darte cuenta y lo peor es que te parece divertido y te ríes de alguien que en ese momento lo puede estar pasando verdaderamente mal. 

En fin, que me desvío del tema, el libro hasta estas alturas parece ir bien. Castigan a la protagonista por salir de clase corriendo al enterarse de que todo el mundo se estaba burlando de su poema. El castigo es bastante curioso porque consiste en ir todos los días, sin importar la hora, a entrenar atletismo a la pista para correr en una competición. La segunda fase del castigo trata de ir algunos días al despacho del profesor de Gramática, un hombre llamado Huges -no sé cómo se pronuncia- y él te manda unos libros para que te los leas y luego hacer un trabajo sobre el libro leído. ¿Adivináis de qué género son los libros? De amor y romance… ya sabéis por donde va el asunto. En mi opinión, yo hubiera preferido quedarme sin patio un trimestre entero o algo por el estilo, ¿no os parece?

Otra de mis partes favoritas es cuando se van de fiesta e Irene tontea con el profesor Huges. Lo primero que se me pasa por la cabeza es que este profesor está muy mal de la olla ¡vaya pedófilo!, pero gracias a Dios que al final el hombre pone los pies en la tierra y se echa para atrás, la verdad es que le hubiera añadido bastante humor a la novela el hecho de que este profesor de unos cuarenta años saliera con una muchacha de dieciséis. Ella piensa que el profesor no la quiere volver a ver en su vida debido a que ella se le lanzó, sin ningún respeto hacia la difunta esposa del señor Huges. En ese momento seguro que Irene quería que la tierra se la tragara. A mí por suerte no me ha pasado nada por el estilo, pero si me pasara se me caería la cara de vergüenza, que te pase con la chic@ que te gusta vale, pero con tu profesor, eso es caer muy bajo.

Luego, por otra parte, está un tal Marcelo que es un niño que hace atletismo y a veces se cruza con nuestra protagonista. Por lo que he leído es un chico bastante majo, además deportista, ¿qué más se puede pedir? Se quejará nuestra Irene… Espero que, al final, sepa apreciar lo que tiene tan cerca, como el dicho ese de las cosas no las sabes apreciar cuando las tienes delante y cuando las pierdes te das cuenta de cuánto lo necesitas. O algo así era.

Después de leer los capítulos teníamos que hacer un resumen y, como que no… ¿hacer unos cuarenta resúmenes en una tarde? Así que le preguntamos a nuestra profesora si podíamos hacer una reseña. Ella, como es tan buena gente, nos dijo que sí.

Rocío Carmona, autora de La gramática del amor. Fuente: El templo de las mil puertas

En definitiva, el libro, para ser una novela de amor bastante cutre, me ha gustado un poco porque te mantiene enganchado a la historia. A lo mejor cuando madure me gustará o algo así. En fin, si sois maduros y os gustan las historias de amor os lo recomiendo, si no, pues no sé qué puedes hacer.

Con este trabajo espero aprobar porque, la verdad es que me lo he currado bastante. Además, estoy intentando llegar a las dos páginas con la letra doce -puedes comprobarlo, soy un tío legal-. Hasta me lo he pasado bien redactando. Ha sido una experiencia enriquecedora para mí.

Redactor Junior

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